Los sumarios de evidencia (SE) y las guías de práctica clínica (GPC) consultados mencionan que la evidencia que respalda los cambios dietéticos en personas con hiperuricemia o gota es limitada, dado que la mayoría de los estudios disponibles son observacionales y existen pocos ensayos clínicos aleatorizados (ECA). En base a ello, se sugiere que la dieta tendría un papel limitado en la reducción de los niveles de urato sérico y, por tanto, debería considerarse únicamente como un componente más dentro de un enfoque integral para el manejo de la gota.
Por otra parte, la adherencia a las dietas que restringen severamente las purinas puede estar comprometida por no ser agradables y ser difíciles de implementar; se reservarían para personas con opciones terapéuticas limitadas (por ejemplo, personas que no toleran la farmacoterapia).
El SE de BMJ Best Practice sobre la gota(1), explica que, limitar la ingesta de alcohol, purinas y jarabe de maíz de alta concentración en fructosa, junto con la pérdida de peso, son cambios de estilo de vida recomendados condicionalmente (dependiendo de cada persona y de sus circunstancias personales) para las personas con gota. No obstante, también refiere que hay pocas evidencias de alta calidad que respalden o refuten el uso de modificaciones del estilo de vida o de suplementos dietéticos para mejorar los resultados en personas con gota crónica.
El SE de Dynamed, también sobre gota(2) menciona que el metabolismo de las purinas, procedentes de diversas fuentes alimentarias exógenas y de subproductos endógenos del metabolismo celular, da lugar a la producción de ácido úrico. Destaca que el consumo de ciertos alimentos y bebidas se ha asociado con un mayor riesgo de hiperuricemia, por ejemplo con el consumo de carne roja, los mariscos, alcohol (especialmente cerveza [1 unidad de cerveza o licor puede elevar los niveles de urato sérico en 0,16 mg/dL]) y bebidas azucaradas (grandes porciones de fructosa pueden elevar los niveles de urato sérico hasta en 2 mg/dL en el plazo de una hora tras su consumo), aunque los mecanismos patogénicos específicos que explican por qué muchas de estas fuentes alimentarias exógenas se asocian con un riesgo de gota siguen sin estar del todo claros.
El autor del SE de UptoDate(3), sugiere, basándose en la guía de tratamiento de la gota de The American College of Rheumatology(4), reducir la ingesta de purinas en la dieta, especialmente las de origen animal (p. ej., carne roja) y aconsejar a las personas sobre cómo asegurar una ingesta diaria adecuada de proteínas al reducir la ingesta de purinas, ya que algunos alimentos comunes con alto contenido de purinas también son ricos en proteínas (p. ej., carne roja, mariscos).
Continúa explicando que en personas con hiperuricemia, las dietas restringidas en purinas pueden reducir modestamente los niveles de urato sérico. Antes de la disponibilidad de la farmacoterapia para reducir el urato, se utilizaban dietas severamente restringidas en purinas para tratar la gota, las cuales podrían reducir la excreción urinaria diaria de urato entre 200 y 400 mg/día. Sin embargo, las concentraciones séricas medias de urato disminuyen sólo aproximadamente 1 mg/dL (59 µmol/L). Señala que las dietas que restringen severamente las purinas pueden resultar desagradables y poco prácticas de implementar, por lo que generalmente se reservan para personas con opciones terapéuticas limitadas (por ejemplo, personas que no toleran la farmacoterapia). La reducción de la ingesta de purinas podría tener un papel limitado en personas que han alcanzado el objetivo de urato sérico por otros medios.
El SE menciona un pequeño ECA que asignó a personas con gota a una intervención de control o a una intervención educativa centrada en la reducción de la ingesta de purinas(5).Todas las personas recibían farmacoterapia para reducir el urato y tenían un nivel de urato sérico dentro del rango objetivo. La intervención resultó en un mayor conocimiento y modificación de la dieta, pero no cambió los niveles de urato sérico.
La GPC sobre el manejo de la gota del American College of Rheumatology(4), indica las siguientes limitaciones en los hábitos de vida, independientemente del curso de la enfermedad y condicionado a la situación personal de cada individuo:
- Limitar la ingesta de alcohol.
- Limitar la ingesta de purinas.
- Limitar la ingesta de jarabe de maíz con alta concentración de fructosa.
- Utilizar un programa de pérdida de peso (no se recomienda ningún programa específico) se recomienda condicionalmente para aquellas personas con gota que tienen sobrepeso u obesidad.
La GPC de National Institute of Health and Care Excellence (NICE) sobre el diagnóstico y tratamiento de la gota(6), refiere que a las personas con gota convendría explicarles que no hay suficiente evidencia que demuestre que alguna dieta específica prevenga los brotes o reduzca los niveles de urato en suero. Es conveniente aconsejar:
- que sigan una dieta sana y equilibrada;
- que eviten el sobrepeso, la obesidad o el consumo excesivo de alcohol, ya que estos factores pueden agravar los brotes y síntomas de la enfermedad.
La GPC de The European Alliance of Associations for Rheumatology (EULAR) para el tratamiento de la gota(7) propuso como principio general que “toda persona con gota debería recibir asesoramiento sobre su estilo de vida: pérdida de peso, si procede, y evitar el alcohol (especialmente la cerveza) y las bebidas azucaradas, las comidas copiosas y el consumo excesivo de carne y pescado”. El grupo de trabajo reconoció que el nivel de evidencia que respalda el efecto de la modificación del estilo de vida y la dieta sobre los niveles de ácido úrico sérico es bajo y, por lo tanto, este principio general se basó principalmente en la opinión de expertos. Sin embargo, dada la alta prevalencia de comorbilidades cardiovasculares en personas con gota, consideraron que las modificaciones del estilo de vida y dieta también deberían implementarse como parte de la prevención cardiovascular.
Una revisión sistemática (RS) de The Cochrane Database sobre las intervenciones en el estilo de vida para el tratamiento de la gota crónica(8), expresa que aunque hay pruebas convincentes de estudios observacionales de una asociación entre diversos factores de riesgo del estilo de vida y la aparición de gota, es escasa la evidencia de alta calidad preocedente de ECA para apoyar o refutar el uso de modificaciones en el estilo de vida con objeto de mejorar los resultados en las personas con gota crónica.
Por último, los autores de una RS de reciente publicación sobre el impacto de los factores del estilo de vida y los patrones dietéticos en los niveles de ácido úrico sérico y el curso de la enfermedad en la gota(9), encontraron que el consumo de pescado rico en ácidos grasos poliinsaturados, la actividad física regular y el aumento de la ingesta de vegetales pueden reducir los brotes de gota. Por el contrario, una alta ingesta de purinas (especialmente de origen animal), el consumo excesivo de alcohol y la obesidad son factores de riesgo para la exacerbación de la gota. Comenta que algunos estudios han aportado una reducción en los niveles de ácido úrico sérico con cambios en la dieta, mientras que otros no han encontrado un efecto significativo, pero que, a pesar de la variabilidad, las modificaciones en la dieta y el estilo de vida podrían ayudar a controlar la gota y reducir la actividad de la enfermedad. Los autores concluyeron que se requiere más investigación para establecer recomendaciones clínicas que mejoren los resultados de las personas con gota.


