Aunque la evidencia sobre la eficacia de la combinación de crioterapia y compresión (criocompresión) para la prevención de la neuropatía periférica inducida por quimioterapia (CIPN, por sus siglas en inglés) es limitada y no concluyente, ante la ausencia de efectos adversos graves, podría considerarse una opción razonable para prevenir la CIPN (fundamentalmente ha sido estudiada en pacientes que reciben quimioterapia basada en taxanos). Sin embargo, se necesitan estudios más amplios y mejor diseñados, para definir completamente el papel de la criocompresión en la prevención de la CIPN y estandarizar su aplicación.
Una Evaluación de Tecnologías Sanitarias realizada por Avalia-t y publicada en 2022(1) valora el papel de la crioterapia para la prevención de la CIPN. Entre los métodos evaluados se hace referencia a la criocompresión respecto a la cual se explica que combina la crioterapia y la compresión para facilitar la vasoconstricción. Señala que:
- “La presión favorece un enfriamiento más eficaz del tejido de las extremidades, lo que podría mejorar la efectividad de la crioterapia.”
- “Esta tecnología comenzó a emplearse con elementos de compresión (como guantes quirúrgicos de talla pequeña), en combinación con guantes/calcetines congelados”.
- “Hoy en día, esta tecnología también puede combinarse con dispositivos como el Hilotherapy-ChemoCare®, que permiten una refrigeración controlada. Actualmente, la empresa Paxman Coolers Ltd está desarrollando un dispositivo que induce frío mediante un líquido refrigerante, a la vez que aplica presión. Este dispositivo permite ejercer presión de una forma más estandarizada a la vez que se aplica una crioterapia controlada”.
De entre los puntos clave que enumera el informe destacamos la siguiente información:
- Entre las estrategias preventivas más prometedoras para la CIPN destaca la crioterapia. Dentro de la crioterapia existen varios métodos de aplicación de frío. El más empleado es el uso de guantes/calcetines congelados. Otras estrategias de hipotermia más novedosas y menos estudiadas son la refrigeración líquida de extremidades y la criocompresión.
- El efecto protector de la crioterapia puede estar limitado debido a la baja tolerancia que se ha detectado en algunos estudios, especialmente con el uso de guantes/calcetines congelados. Los nuevos dispositivos de crioterapia que emplean refrigeración líquida de las extremidades y criocompresión, podrían mostrar una mayor tolerancia debido a su mejor control de la temperatura.
- El elevado número de estudios clínicos en marcha muestran que en los próximos años se publicará nueva evidencia que ayudará a definir mejor el papel de la crioterapia, especialmente en las metodologías de refrigeración líquida de las extremidades y criocompresión, que actualmente cuentan con poca evidencia publicada.
- En términos económicos, no hay estudios que valoren el impacto de la crioterapia. Sin embargo, el elevado coste de la dependencia que puede generar la CIPN lleva a pensar que la implantación de la crioterapia podría tener un efecto positivo en la economía de los sistemas sanitarios.
- El grado de difusión de la crioterapia es limitado debido a la baja evidencia con la que cuenta esta terapia preventiva. De demostrarse una cierta efectividad, el bajo riesgo que presenta esta estrategia sumado a la ausencia de una alternativa terapéutica, aseguran una rápida difusión de la tecnología.
En la guía de práctica clínica (GPC) de la American Society of Clinical Oncology (ASCO)(2) sobre la CIPN se indica que aunque no se ha demostrado su eficacia, los datos disponibles sugieren que el ejercicio, la crioterapia, la terapia de compresión y/o la criocompresión podrían prevenir, en parte, los síntomas de la CIPN y parecen ser razonablemente seguros, si bien tanto los médicos como los pacientes deberían tener en cuenta el riesgo de congelación.
En la GPC de las European Society for Medical Oncology, European Oncology Nursing Society y European Association of Neuro-Oncology(3) incluye, entre las estrategias de prevención de la CIPN que se pueden considerar, la crioterapia (por ejemplo, calcetines y guantes congelados) (la mayor evidencia de eficacia se basa en la CIPN inducida por taxanos) (Grado de recomendación C, Nivel de evidencia II)*, la terapia de compresión con guantes quirúrgicos (Grado C, Nivel III)* y el ejercicio terapéutico (para mejorar la fuerza muscular y las funciones sensoriomotoras en pacientes con riesgo de desarrollar CIPN) (Grado C, Nivel II)*. No se menciona la criocompresión.
Tanto en el informe de Avalia-t como en la GPC de ASCO se cita únicamente un pequeño ensayo clínico sin grupo de control(4) en el que se evaluó el método de criocompresión.
El sumario de evidencia de UpToDate sobre la prevención y el tratamiento de la CIPN(5) describe, en relación a la prevención, que si bien no se ha demostrado su eficacia, los datos disponibles sugieren que el ejercicio, la crioterapia y la terapia de compresión (con o sin crioterapia) podrían prevenir parcialmente los síntomas de la CIPN y parecen ser razonablemente seguras, aunque los médicos deberían tener en cuenta el riesgo de congelación.
En concreto sobre la criocompresión menciona que la utilidad de combinar la crioterapia y la terapia de compresión se evaluó en un ensayo clínico de un solo brazo(4) con solo 13 pacientes con cáncer que recibían quimioterapia con taxanos. Cada paciente se sometió a criocompresión de las cuatro extremidades con cada infusión de quimioterapia (tres horas) durante un total de 142 ciclos (máximo de 12 ciclos por paciente). La criocompresión se administró a 16 °C y presión cíclica (5-15 mmHg). Ninguno de los pacientes presentó neuropatía grave (puntuaciones de neuropatía evaluadas por el médico de grado 2 o superior). La criocompresión permitió alcanzar temperaturas más bajas (se logró una reducción media de la temperatura cutánea de 3,8 ± 1,7 °C) con aceptable tolerabilidad y los autores plantean que las temperaturas más bajas de la superficie cutánea alcanzadas podrían conducir a una mayor eficacia en la mitigación de la neurotoxicidad.
La búsqueda en las bases de datos de estudio localiza la publicación de dos ensayos clínicos controlado aleatorizados (ECA) que evalúan la eficacia de la criocompresión en la prevención de la CIPN:
- En uno de los ECA(6) participaron 200 pacientes que fueron asignadas aleatoriamente en una proporción de 1:1 a recibir crioterapia sola (C) o una combinación de compresión y crioterapia (criocompresión, CC) en las extremidades superiores durante el tratamiento de quimioterapia. Las pacientes elegibles tenían al menos 18 años, un diagnóstico de cáncer de mama u otro cáncer ginecológico y habían recibido un mínimo de 3 ciclos de quimioterapia basada en taxanos (neoadyuvante, adyuvante o paliativa). Tanto para las pacientes del grupo C como del grupo CC, la crioterapia o la criocompresión se iniciaron 30 minutos antes de la administración de la quimioterapia; se mantuvieron durante todo el tratamiento y durante 30 minutos adicionales tras su finalización. El enfriamiento en ambos grupos se realizó con dispositivos de enfriamiento Hilotherm®. Las pacientes que recibieron compresión adicional usaron guantes quirúrgicos, de una talla menor a la que mejor se ajustaba a sus manos, debajo de los dispositivos de enfriamiento. Un total de 86 pacientes en el grupo C y 74 pacientes en el grupo CC completaron la quimioterapia. El seguimiento se completó en 74 de las pacientes del grupo C y en 68 de las pacientes del grupo CC. Al inicio del estudio, más del 95 % de las pacientes en ambos grupos presentaban polineuropatía de grado 0. Al finalizar el último ciclo de quimioterapia, el 30,1 % de las pacientes del grupo C presentaba polineuropatía de grado 1 y el 13,7 % de grado 2 o superior. En el grupo CC, el 32,8 % de los pacientes presentaba polineuropatía de grado 1 y el 17,2 % de grado 2 o superior. En el primer seguimiento, tres meses después de acabar la quimioterapia, el 30,1 % de los pacientes del grupo C presentaba polineuropatía de grado 1 y el 19,2 % de grado 2 o superior. En comparación, en el grupo CC, el 25,4 % presentaba polineuropatía de grado 1 y el 29,8 % de grado 2 o superior. A los 6-9 meses después de la quimioterapia, en el grupo C, el 29,3 % de los pacientes presentaba polineuropatía de grado 1 y el 14,7 % polineuropatía de grado 2 o superior. En el grupo CC, el 29,3 % de los pacientes presentaba polineuropatía de grado 1 y el 21,8 % polineuropatía de grado 2 o superior. No hubo diferencias estadísticamente significativas entre los dos grupos con respecto a la aparición de CIPN de grado 2 o superior en ninguno de los momentos evaluados. Ningún paciente abandonó el estudio debido a eventos adversos causados por la crioterapia o la criocompresión. Sin embargo, un número significativamente mayor de pacientes que recibieron criocompresión interrumpieron el tratamiento en comparación con los pacientes que recibieron crioterapia (p = 0,0234). Los autores sugieren que tanto la crioterapia como la criocompresión son métodos seguros para enfriar las extremidades de los pacientes y prevenir la CIPN dado que, en comparación con la literatura actual, los pacientes tratados con crioterapia y criocompresión desarrollaron menos CIPN. Afirman, además, que en esta población de pacientes, la criocompresión no pareció ser más eficaz para enfriar o prevenir la CIPN que la crioterapia sola, pero sí provocó una mayor tasa de interrupción del tratamiento debido a molestias.
- Otro ECA autocontrolado(7) incluyó 91 pacientes con cáncer de ovario, cuello uterino o endometrio, con un plan de tratamiento con 6 ciclos de paclitaxel o 5 ciclos de cisplatino. Las pacientes fueron aleatorizadas a criocompresión de una mano y un pie (grupo de tratamiento) o a tratamiento estándar sin intervención de la mano y el pie contralaterales (grupo de control), por tanto cada paciente participó en el grupo de tratamiento y en el grupo de control. La criocompresión se aplicó 15 minutos antes de la quimioterapia, durante toda la infusión y durante 15 minutos después de su finalización. Solo se dispuso de datos de la visita final para el análisis de 69 de las pacientes. En la visita final, un mes después de la quimioterapia, el 21,7 % (15/69) y el 13,0 % (9/69) de las pacientes en los grupos de control y criocompresión, respectivamente, presentaron neuropatía sensorial de grado C o superior según el Patient Neurotoxicity Questionnaire. En comparación con el grupo de control, la criocompresión redujo la probabilidad de neuropatía sensorial en un 46 % en la visita final (razón de probabilidades: 0,54; intervalo de confianza del 95 %: 0,31-0,94; p = 0,03). La mayoría de las pacientes refirieron que la criocompresión fue muy tolerable en cada ciclo, y más del 80 % de las participantes estuvieron de acuerdo o muy de acuerdo en que la criocompresión era aceptable y planeaban continuar usándola durante la quimioterapia.
Por último, en un reciente estudio observacional retrospectivo(8) se describen los resultados de 53 pacientes con cáncer de pulmón avanzado, tratados con quimioterapia basada en taxanos, que durante la infusión de quimioterapia (desde 30 minutos antes hasta 30 minutos después), recibieron terapia de compresión con guantes quirúrgicos y medias elásticas, combinada con guantes refrigerantes y almohadillas de hielo para los pies. La incidencia de neuropatía periférica inducida por quimioterapia (NPIQ) fue del 20,8%, sin casos de neuropatía de grado ≥3. Los eventos adversos fueron leves, sin impacto en la calidad de vida ni en la continuidad del tratamiento (dolor o enrojecimiento de la piel en el 18,9 % de los pacientes, entumecimiento u hormigueo en el 15,1 %, congelación en el 1,9 % o ampollas en el 1,9 %); no se produjeron eventos potencialmente mortales. Para los autores la terapia combinada de compresión y enfriamiento es una estrategia prometedora para reducir la CIPN en pacientes con cáncer de pulmón tratados con taxanos. Consideran que dada su naturaleza no farmacológica, su seguridad y su buena tolerabilidad, este método podría integrarse en la práctica clínica. No obstante precisa la necesidad de futuros ensayos prospectivos para confirmar estos hallazgos y determinar los protocolos óptimos para una implementación más amplia.
Además, la consulta en el registro de ensayos clínicos clinicaltrials.gov y en la International Clinical Trials Registry Platform (ICTRP) identifica varios ECA en fase de realización lo cual constata que la eficacia de la criocompresión en la prevención de la CIPN se encuentra en fase de investigación .
*Ver en el texto completo del documento.


