[Ashwagandha, también conicida como Withania somnifera, ginseng indio (aunque no pertenece a la familia del ginseng) o cereza de invierno. Es una de las plantas más usadas en la medicina tradicional india. Su raíz es la parte recomendada para uso humano; otras partes, como las hojas, se han empleado con resultados menos favorables].
Según la documentación consultada, la raíz de la ashwagandha, en general, se considera segura y bien tolerada. Sin embargo, se desconoce la seguridad de otras partes de la planta. No obstante, se han descrito numerosos casos de afectación hepática (algunos muy graves) y otros aislados de tirotoxicosis relacionados con su consumo. Estos datos sugieren evitar su empleo en pacientes con patologías previas y sospechar una posible toxicidad en caso de aparición de síntomas sugestivos.
Según una ficha informativa para profesionales del National Institutes of Health de EE.UU.(1) la ashwagandha ha sido bien tolerada en muchos ensayos clínicos en los que los participantes la han tomado hasta durante 3 meses, pero no se dispone de evidencia sobre su seguridad a más largo plazo. No obstante, indica que la ashwagandha podría afectar, entre otros, a la función tiroidea y hepática.
Hace mención a varios casos de disfunción hepática (ictericia, prurito, náusea, letargia, malestar abdominal, elevación de bilirrubina) en sujetos con y sin enfermedad hepática previa. Aunque los sujetos mejoraron con el tiempo después de dejar de tomar el suplemento (algunos necesitaron tratamiento médico), no en todos los casos pudieron atribuirse estos efectos a la ashwagandha (en ocasiones los productos contenían otros ingredientes).
En cuanto al tiroides, refiere varios casos de tirotoxicosis que se resolvieron tras la suspensión de la ashwagandha. Y alude a 2 ensayos clínicos: en el primero 3 hombres tuvieron un pequeño aumento de los niveles de T4 y en el otro, de pacientes con hipotiroidismo subclínico, la ashwagandha redujo la hormona estimulante de la tiroides (TSH) sérica y aumentó los niveles de T3 y T4 en comparación con el placebo.
Una nota del gobierno australiano(2) advierte de las notificaciones y publicaciones de daño hepático asociado con preparados a base de ashwagandha. Entre ellos ha habido varios casos de insuficiencia hepática, con incluso 3 fallecimientos y un paciente que requirió trasplante de hígado.
En la nota se hacen eco de diferentes comunicaciones de casos y de las notificaciones de daño hepático recibidas en Australia y otros países. En 6 de los 11 casos notificados en Australia no se identificaron otros componentes que pudieran haber contribuido al daño hepático; algunos precisaron hospitalización.
La nota recomienda que se evite el uso de estos preparados en personas con trastornos hepáticos preexistentes. Y advierte a los profesionales sanitarios que tengan en cuenta que, tras el consumo de estos productos, se han notificado casos de aparición aguda de síntomas que podrían confundirse fácilmente con una gastroenteritis infecciosa o una intoxicación alimentaria (náuseas, vómitos, diarrea); en algunas personas pueden aparecer síntomas gastrointestinales repentinos potencialmente graves.
Comenta además que en la India se ha prohibido el uso de hojas de W. somnifera, aunque sigue estando permitido, sujeto a los límites establecidos, el uso de sus raíces.
En Países bajos, según un informe sobre la hepatotoxicidad de la ashwagandha emitido por su centro de farmacovigilancia(3), se han notificado 12 casos. No ha podido excluirse completamente que hayan sido debidos a ingredientes no etiquetados o a contaminantes. El Netherlands National Institute for Public Health and the Environment desaconseja el consumo de complementos alimenticios que contengan ashwagandha(4).
Este informe menciona además 17 casos publicados en la literatura y otros 25 de una base de datos de la Organización Mundial de la Salud, relacionados con el consumo de ashwagandha.
Otro informe sobre los efectos y seguridad de la raíz de la ashawandha del gobierno indio(5) afirma que, aunque recientemente han surgido inquietudes sobre su seguridad, su uso en la medicina tradicional durante miles de años de y la evidencia científica disponible demuestran que es bien tolerada y segura.
Sobre sus efectos en el tiroides comenta que aunque varios estudios preclínicos sugieren que la ashwagandha tiene el potencial de elevar los niveles de hormonas tiroideas, lo hace dentro de rangos fisiológico, sin que se hayan objetivado anomalías histológicas en la glándula; en los ensayos clínicos identificados ningún sujeto tuvo un aumento de hormonas tiroideas por encima de valores normales. Si bien es cierto que se han reportado algunos casos aislados de hipertiroidismo asociado a la ashwagandha, considera que no permiten establecer causalidad.
Refiere que a nivel hepático los estudios clínicos y preclínicos no han mostrado una toxicidad significativa. No obstante, se han reportado algunos casos de lesión hepática clínicamente significativa, atribuidos a la ashwagandha en la que la relación causal ha sido etiquetada como probable basándose en el momento de diagnóstico en relación con el consumo, la exclusión de otras enfermedades hepáticas y la resolución de los cuadros tras la suspensión de la ingesta; la mayoría de estos casos se han presentado como lesión colestásica/hepatocelular. También comentan un caso que precisó trasplante hepático. Aún así, es posible que en estos casos aislados hayan estado implicados enfermedades subyacentes o fármacos o sean incluso idiosincrásicos. El informe considera que no existe evidencia científica para considerar la ashwagandha como hepatotóxica.
Hasta el momento ningún caso había sido notificado al programa de farmacovigilancia instaurado en la India.
La evaluación de ashwagandha publicada por Micromedex(6), menciona las anomalías hepáticas entre los efectos adversos.
En el sumario de evidencia de DynaMed sobre la tirotoxicosis(7) se incluye la raíz de la ashwagandha entre las sustancias que se cree que pueden estimular el tiroides.
En UpToDate, el sumario de evidencia sobre la hepatotoxicidad por hierbas medicinales y suplementos(8) señala que, aunque la ashwagandha en general se considera segura, se han reportado casos de colestasis hepática tras su ingesta.
La evaluación sobre la ashwagandha de LiverTox(9) puntúa la toxicidad hepática como B (causa probable). Refiere que, aunque en general se considera que es segura y sin efectos adversos importantes, se han reportado casos de daño hepático clínicamente evidente en pacientes que toman productos herbales comerciales que la contienen. Si bien es cierto que en algunos de los casos notificados de hepatotoxicidad el producto comercial consumido fue analizado y se confirmó que contenía ashwagandha sin otros contaminantes, los preparados herbales comerciales suelen ser mezclas de hierbas y productos nutricionales, y pueden estar mal etiquetados y contener hierbas y medicamentos desconocidos. Advierte que debería evitarse en pacientes con cirrosis o enfermedad hepática crónica avanzada; en caso de hepatotoxicidad debería evitarse la reintroducción del mismo producto.
Aclara que en la mayoría de los casos la afectación hepática se resuelve 1-4 meses después de suspender el producto y que dosis elevadas pueden dar lugar a molestias digestivas como diarrea, náuseas o vómitos posiblemente por irritación directa de la mucosa intestinal.
Toda esta información concuerda con la identificada en las revisiones sistemáticas y panorámicas más recientes(10-13).
En la primera, una revisión sistemática que evaluó la seguridad y tolerabilidad del extracto de raíz de ashwagandha(10), se buscaron ensayos clínicos aleatorizados (ECA) publicados entre 2010 y abril de 2026 realizados en adultos sanos. Se identificaron 23 ECA con 2.317 participantes y se utilizaron dosis de 125-600 mg al día (desde una dosis única hasta 180 días). Los marcadores hepáticos, renales, hematológicos, endocrinos y cardiovasculares permanecieron dentro de los rangos normales y no se reportaron alteraciones adversas clínicamente significativas. Tampoco se reportaron eventos adversos graves atribuidos a la ashwagandha. Los efectos leves (molestias digestivas, cefalea, somnolencia transitoria, quejas respiratorias de vías altas) fueron poco frecuentes, apareciendo tanto en los grupos control como intervención. La certeza de la evidencia se consideró moderada o baja. Los autores apuntan que las discrepancias de estos resultados y las observaciones poscomercialización (casos aislados reportados) pueden deberse a diferencias en la estandarización de los productos, formulaciones y contaminación de los preparados, duración de la exposición o la susceptivbilidad individual.
Una revisión panorámica que ha evaluado los potenciales efectos adversos de la ashwagandha(11), en la que también se hace referencia a varios casos de tirotoxicosis y afectación hepática, señala que, a pesar de los datos favorables sobre su seguridad procedentes de su extenso uso y los ensayos disponibles, aún son necesarios más estudios para establecer su seguridad a largo plazo, posibles interacciones y uso apropiado en determinadas poblaciones como embarazadas, ancianos o patologías crónicas. Por otra parte, menciona que su actividad farmacológica y el perfil de seguridad varían significativamente en función del tipo de extracto (p. ej., raíz frente a hoja, acuoso frente a etanólico), la dosis y la estandarización, debiendo interpretarse con cautela los hallazgos específicos al generalizar los resultados entre distintos estudios.
Los autores de otra revisión panorámica, que recopiló 25 casos publicados de hepatotoxicidad asociada a la ashwagandha(12), concluyen que la literatura publicada sustenta la existencia de un síndrome clínico de hepatotoxicidad idiosincrásica asociada a la ashwagandha, frecuentemente colestásico. El manejo dependerá del tipo de afectación observada y su gravedad. Recomiendan que se aconseje a los pacientes no volver a tomarla (ni siquiera de otras marcas o presentaciones) debido a la heterogeneidad de las formulaciones y el riesgo incierto de recurrencia.
La última revisión panorámica seleccionada, que evaluó los efectos de la ashwagandha en el sistema endocrino(13), realizó la búsqueda bibliográfica en mayo de 2025. En cuanto a los efectos tiroideos, según los autores, la información procedente de 4 reportes de casos de tirotoxicosis, de los estudios preclínicos y de los escasos y pequeños estudios clínicos disponibles sugiere que la ashwagandha podría elevar las hormonas tiroideas.


