En base a la evidencia más actual, se sugiere que la práctica de ejercicio de alta intensidad (EAI), por parte de personas que padecen artritis reumatoide (AR), no empeoraría el dolor ni perjudicaría la actividad de la enfermedad; como beneficios, los estudios revisados mencionan una mejoría de la salud cardiovascular y de la función física a la vez que un aumento de la masa muscular; teniendo muy presente, que la selección del ejercicio debería basarse en un enfoque individualizado y centrado en la persona.
La guía de práctica clínica (GPC) sobre ejercicio, rehabilitación, dieta e intervenciones integrales adicionales para la AR(1) del Colegio Americano de AR, explica la recomendación de la práctica constante de ejercicio frente a la inactividad física pues la evidencia de certeza moderada sugiere que el ejercicio regular mejora la función física y reduce el dolor en personas con AR. El ejercicio aeróbico, de resistencia, acuático y mente-cuerpo se consideraron en conjunto en la evidencia que respalda esta recomendación. El tipo, la frecuencia, la intensidad y la duración del ejercicio no se definieron formalmente porque la evidencia sobre las intervenciones de ejercicio no justificaba tal precisión en la recomendación, y existe una variación considerable en los valores, preferencias y acceso de las personas enfermas a diferentes tipos de ejercicio. Los elementos específicos de una intervención de ejercicio deben adaptarse a cada persona en el momento de evolución de la enfermedad, considerando sus capacidades, acceso y otras condiciones de salud.
Asimismo, el consenso de profesionales de la Liga Europea contra el Reumatismo (EULAR, por sus siglas en inglés) sobre el efecto del ejercicio físico y del peso corporal sobre los resultados específicos de la enfermedad en personas con enfermedades reumáticas y musculoesqueléticas(2) respalda la recomendación de realizar ejercicio y mantener un peso corporal saludable en personas con enfermedades reumáticas y musculoesqueléticas. No especificando qué intensidad tendría este ejercicio.
En cambio, los sumario de evidencia (SE) de Uptodate sobre terapias no farmacológicas en AR(3), y otro sobre entrenamiento de fuerza para la salud en adultos(4), refieren que las intervenciones de EAI tienen mayores efectos que las de baja intensidad, sin exacerbar el dolor articular ni la actividad de la enfermedad en personas con la enfermedad controlada. Estas afirmaciones se basan en diversos estudios de los que seleccionamos varios:
- Un ensayo clínico aleatorio (ECA) multicéntrico sobre EAI y mejora de salud cardiovascular y física en personas con AR(5), estudió a 87 personas (86% mujeres; de 20 a 60 años) y fueron asignados aleatoriamente a un grupo de intervención (GI) o a un grupo de control (GC). El GI realizó EAI y ejercicios de fuerza durante 12 semanas. Al GC se le indicó que realizara actividad física de intensidad moderada, ≥150 min/semana. El resultado primario fue el cambio en el VO2 máx , los resultados secundarios fueron los cambios en las medidas antropométricas, la fuerza muscular, la salud general, la Impresión Global del Paciente sobre el Cambio (PGIC), el dolor y la actividad de la enfermedad (Índice de Actividad de la Enfermedad en 28 articulaciones (DAS28)). Los autores concluyeron que el EAI supervisado y el ejercicio de fuerza mejoraron la salud cardiovascular, la condición física y la salud general sin un deterioro del dolor ni de la actividad de la enfermedad, por lo que deberían considerarse en personas con AR bien controlada.
- Otro ECA sobre el efecto del EAI (entrenamiento de resistencia) en AR(6), concluye que 24 semanas de EAI demostraron ser seguras y eficaces para restaurar la masa muscular magra y la función en personas con AR.
- Un metaanálisis de ECA, sobre la eficacia de los ejercicios de resistencia en AR(7), analizó 10 ECA que incluyeron 547 personas y en conclusión los autores mencionaron que el EAI en AR es seguro y la mejora en la mayoría de los resultados fue estadísticamente significativa y posiblemente clínicamente relevante para la discapacidad asociada a la AR.
El SE de Dynamed sobre terapias en AR(8), expresa con evidencia nivel 2 (representa resultados de investigación que abordan resultados clínicos y demuestran algún método de investigación científica, pero no cumplen con los criterios de calidad para alcanzar el nivel 1) que:
- El entrenamiento de resistencia (EAI) se asocia con un aumento de la masa corporal magra y una mejora de la función física(6).
- El EAI puede mejorar la capacidad funcional en personas con AR(9).
Una Revisión Sistemática de febrero de 2026 acerca de la efectividad y la seguridad del EAI en AR(10), analizó 15 ECA originales y 14 análisis secundarios o estudios de seguimiento y su conclusión fue que el EAI -ya sea aeróbico, isotónico o de fuerza isométrica, o en forma de entrenamiento interválico de alta intensidad (HIIT, por sus siglas en inglés)- es seguro para personas con enfermedades reumáticas inflamatorias. La evidencia actual es de certeza moderada y no sugiere que el EAI sea perjudicial. No aumenta la actividad de la enfermedad ni el daño estructural, y puede reducir el dolor y mejorar la función en comparación con las intervenciones de control. Estos hallazgos respaldan la consideración del EAI como una opción igualmente valiosa y basada en la evidencia, junto con el ejercicio de baja o moderada intensidad, para personas con enfermedades reumáticas. La selección del ejercicio debería basarse en un enfoque individualizado y centrado en la persona.
Por último, una RS con metaanálisis publicada en mayo de 2026, acerca de la eficacia del EAI sobre la función física y la actividad de la enfermedad en personas con AR(11), menciona que el EAI no fue más efectivo que el ejercicio de baja intensidad, supervisado o no supervisado, para mejorar la función física autoinformada y la actividad de la enfermedad en personas con AR. Además, según los autores, se demostró que los EAI mejoran significativamente la fuerza de los extensores de la rodilla y la capacidad aeróbica. Sin embargo, el tamaño del efecto fue pequeño. Asimismo se concluyó que en personas con AR, el EAI podría ser necesario únicamente cuando el objetivo fuese mejorar la fuerza o la capacidad aeróbica, y no la función física ni la actividad de la enfermedad.


