En base a la evidencia encontrada, se sugiere que los catéteres venosos periféricos (CVP), se deberían retirar si ya no son necesarios para el tratamiento, si no se utilizan durante 24h o más. El mantenerlos, podría aumentar el riesgo de complicaciones como flebitis, infecciones locales y molestias para el paciente.
La novena edición de la guía de práctica clínica (GPC) de la Infusion Nurses Society acerca de los estándares de práctica en terapia de infusión(1), indica que en personas hospitalizadas el CVP debería ser retirado cuando no sea clínicamente necesario y hace especial mención en la evaluación diaria del CVP durante su uso. La GPC hace las siguientes recomendaciones* con respecto a todos los tipos de catéteres venosos de acceso periférico (incluye los catéteres cortos [CVP en este texto], centrales y de línea media):
- Retirar si ya no está incluido en el plan de atención o si no se utiliza durante 24 horas o más.
- Retire los CVP y los catéteres de línea media en pacientes pediátricos y adultos cuando esté clínicamente indicado, basándose en los hallazgos de la evaluación del sitio y/o los signos y síntomas clínicos de complicaciones sistémicas y no únicamente en el tiempo de permanencia.
En la cuarta actualización de la revisión sistemática Cochrane con metaanálisis sobre la extracción clínicamente indicada frente a extracción rutinaria de CVP(2), se incluyeron 14 ensayos clínicos (ECA) (5 nuevos) con 11.428 participantes. La certeza de la evidencia fue de baja a moderada, limitada por el posible sesgo de detección para resultados subjetivos, la inconsistencia entre estudios y la imprecisión debido a tamaños de muestra pequeños. Los autores concluyeron que la extracción de CVP clínicamente indicada (aquella que se realiza cuando el CVP ya no es necesario, funcional, cómodo o no presenta complicaciones) no modificaría el riesgo de infección del torrente sanguíneo relacionada con el catéter, infección primaria del torrente sanguíneo, infección local o mortalidad, y probablemente tenga poco o ningún efecto sobre la incidencia o tasa de tromboflebitis por cada 1.000 días de cateterización, en comparación con la extracción rutinaria. La extracción clínicamente indicada puede reducir los costes en una pequeña cantidad en comparación con la extracción rutinaria.
La evidencia sugiere que la extracción rutinaria (la pautada a intervalos regulares que suele requerir la inserción de nuevos CVP y genera costes adicionales) podría resultar en una pequeña reducción en la incidencia de infiltración y oclusión del catéter, pero poco o ningún efecto sobre sus tasas por cada 1.000 días de cateterización; sin embargo, los autores refieren que la confianza en la estimación del efecto es limitada. El efecto real puede ser sustancialmente diferente de la estimación del efecto.
En 2020, se revisó el marco original del programa de acceso vascular del Reino Unido(3) y por consenso de profesionales se incorporó una herramienta ( I-DECIDED) para la evaluación de CVP y la toma de decisiones sobre la extracción oportuna del dispositivo y la detección temprana de complicaciones; refieren los autores que un paso previo importante para la evaluación es la observación visual de todos los CVP(1) a la vez que preguntas sencillas como "¿la persona aún necesita terapia intravenosa?" "¿se ha utilizado el dispositivo en las últimas 24 horas o es improbable que se utilice en las próximas 24 horas?" con el objetivo de facilitar la retirada oportuna del CVP .
Con respecto al contexto sanitario nacional, en la web de DianaSalud (Divulgación de Iniciativas para Analizar la Adecuación en Salud), desarrollada por el Programa de Epidemiología Clínica del Centro de Investigación Biomédica en Red de Epidemiología y Salud Pública (CIBERESP) amparado por el Instituto de Salud Carlos III(4); encontramos la recomendación de “evitar el mantenimiento rutinario de CVP en pacientes hospitalizados que ya no requieren tratamiento activo de medicación intravenosa”. Argumentan los expertos que el mantener de forma rutinaria el CVP, aumenta el riesgo de complicaciones como flebitis, infecciones locales y molestias para el paciente, sin aportar un beneficio claro cuando no se prevé un uso inminente. Además, su mantención representa un consumo de recursos de enfermería y materiales que podría evitarse. Aunque muchas veces se argumenta que mantener una vía disponible permitiría una intervención rápida en caso de deterioro clínico, la evidencia muestra que no hay diferencias significativas en los tiempos de respuesta cuando un CVP se coloca solo cuando se necesita, especialmente si el personal está entrenado y el material está disponible.
Esta recomendación* se basa en una revisión de la literatura de Choosing Wisely ® : Things we do for no reason(5) que, mediante un enfoque basado en casos, describen prácticas (pruebas, procedimientos, estrategias de gestión) que pueden estar poco respaldadas por la evidencia o que se han convertido en parte de la práctica estándar a pesar de la disponibilidad de alternativas menos costosas o de mayor valor.
*Consultar grado de recomendación en texto original


