Tras la búsqueda realizada podemos concluir que la evidencia disponible apoya el uso de la escala FRAIL* como instrumento de cribado de fragilidad en personas mayores en Atención Primaria (AP) y en el ámbito comunitario, ya que es válida, fiable y fácil de aplicar.
Los Sumarios de Evidencia (SE) consultados que abordan el diagnóstico y manejo de la fragilidad en personas mayores(1-3), indican la importancia de identificar a las personas en este estado de vulnerabilidad clínica, mediante el uso de herramientas de cribado válidas y fiables. Estos documentos señalan que si la evaluación inicial sugiere fragilidad o prefragilidad, se debería realizar una evaluación más completa e individualizada para caracterizar los déficits y orientar las intervenciones, por ejemplo, mediante una valoración geriátrica integral.
Dos de estos SE sobre fragilidad(1-2) indican que la escala FRAIL es un cuestionario breve adecuado para entornos comunitarios y de AP, valido, fiable y con buena viabilidad. El tercer SE consultado sobre fragilidad(3) recomienda, sin embargo, utilizar en entornos comunitarios el índice electrónico de fragilidad (eFI) para la estratificación del riesgo y el criterio clínico junto con la Escala de Fragilidad Clínica (EFC) para confirmar el nivel de fragilidad.
La Guía de Consenso de la Conferencia Internacional de Investigación sobre Fragilidad y Sarcopenia (ICFSR, por sus siglás en Inglés) sobre la detección y el manejo de personas con fragilidad en AP(4) describe las herramientas de detección validadas y eficientes que se pueden utilizar para identificarla. Considera la escala FRAIL como una de las herramientas más prácticas por la facilidad y la rapidez de su aplicación. Los autores destacan dos estudios realizados en personas mayores de 50 años, en los que la escala FRAIL predijo la discapacidad y la mortalidad a los 9 años(5,6). Señalan que la escala FRAIL se recomienda como herramienta de cribado para personas mayores que acuden a centros de AP en países como Australia y Brasil.
Se ha seleccionado una Revisión Sistemática(RS) con metaanálisis(7), cuyo objetivo fue sintetizar las propiedades psicométricas (validez, fiabilidad y capacidad de respuesta) y la viabilidad, definida como la facilidad de aplicación de la escala FRAIL para evaluar la fragilidad en diversas poblaciones de adultos mayores. Esta RS incluyó 18 estudios y sus resultados indican que la escala FRAIL mostró una buena validez de criterio y fiabilidad test-retest, pero no una buena consistencia en la validez de constructo. Como conclusión, los autores sugieren que FRAIL podría ser aplicable en el ámbito comunitario debido a las bajas tasas de incumplimiento de respuesta de la escala y su facilidad de uso.
En un Estudio Transversal multicéntrico realizado en Europa(8), cuyo objetivo fue determinar cuál de las 8 herramientas de evaluación de la fragilidad de uso común presenta las características más adecuadas para su empleo en diferentes entornos clínicos y sociales, se evaluaron a 1.440 personas de 75 años o más en diferentes escenarios asistenciales como salas de hospitalización geriátrica, consultas externas geriátricas, centros de AP y residencias de ancianos. Los instrumentos de evaluación de la fragilidad utilizados fueron: Frailty Phenotype, SHARE-FI, FTS-3, FTS-5, FRAIL, FI-35, Gérontopôle Frailty Screening Tool (GFST) y Clinical Frailty Scale (CFS). Los resultados indican que la prevalencia de la fragilidad varió según los entornos y las pruebas utilizadas. Los instrumentos con mayor viabilidad promedio fueron la escala FRAIL (99,4 %), SHARE-FI (98,3 %) y GFST (95,0 %). Los tiempos de administración promedio más cortos se obtuvieron con CFS (24 segundos), GFST (72 segundos) y la escala FRAIL (90 segundos). Los autores concluyen que cada escala se comporta de manera ligeramente diferente en cada entorno clínico, pero considerando el tiempo de administración y la viabilidad, las escalas FRAIL, CFS y GFST pueden recomendarse en distintos entornos clínicos para la detección rápida de la fragilidad en personas mayores.
Una Revisión Narrativa sobre diagnóstico y manejo de las personas con fragilidad(9), señala que la fragilidad es un síndrome geriátrico previo al inicio del deterioro funcional, que permite identificar a las personas con mayor riesgo de dependencia, institucionalización, efectos adversos de los medicamentos, mortalidad y otros eventos negativos para la salud. Este síndrome es potencialmente reversible con una intervención multicomponente, por lo que la AP es el ámbito idóneo para el diagnóstico y seguimiento de la fragilidad, mediante el uso de escalas como la FRAIL.
En nuestro contexto, el Documento de Consenso sobre prevención de la Fragilidad en las Personas Mayores del Ministerio de Salud(10), realiza una propuesta de detección precoz e intervención sobre la fragilidad en AP, que recoge la evidencia recopilada por ADVANTAGE (iniciativa de la Comisión Europea para abordar integralmente la fragilidad en las personas mayores) para facilitar la detección precoz y el abordaje de la misma en el ámbito de AP, facilitar la coordinación con otros niveles asistenciales y recursos comunitarios implicados en la atención a este grupo de personas. Básicamente, consiste en la captación oportunista de las personas mayores de 70 años que acudan al centro de salud y la detección activa de las que estén integradas en otros programas ya establecidos. Plantea que a todas ellas se les realizará el Índice de Barthel y si es igual o mayor de 90, se realiza una valoración del riesgo de caídas junto a la valoración funcional con pruebas de ejecución, o la escala FRAIL cuando estas no sean posibles, y en caso de detectar alta probabilidad de fragilidad, se iniciarian intervenciones específicas en el marco de una valoración geriátrica integral.
*La escala FRAIL es un cuestionario breve de 5 ítems que se puede responder en 30-90 segundos, y que se puede incorporar fácilmente a la anamnesis. Valora la fatiga, la resistencia, la deambulación, las enfermedades crónicas y la pérdida de peso en el último año. Predice mortalidad y discapacidad. No requiere material complementario ni espacio para realizarlo, tampoco requiere entrenamiento por parte de los profesionales; por ello es incluso factible utilizarla en el medio comunitario no asistencial. Sin embargo, al igual que sucede con otras herramientas que incluyen ítems de movilidad, los profesionales deben interpretar las puntuaciones con precaución en personas cuya dificultad para caminar o subir escaleras se deba principalmente a problemas musculoesqueléticos o neurológicos focales (p. ej., osteoartritis avanzada, amputación), ya que esto puede llevar a una clasificación errónea.


