Tras la revisión realizada concluimos que, en el momento actual, las principales sociedades científicas no consideran la realización de una ecografía pulmonar (EP) en el contexto del manejo de un niño con una crisis de asma. En el contexto de una exacerbación, estudios recientes observan un mayor número de hallazgos ecográficos positivos (fundamentalmente líneas B, consolidaciones y anomalías de la línea pleural) lo cual podría ser útil para identificar afecciones adicionales o complicaciones que cambien el manejo del niño. Sin embargo, la EP no es capaz de detectar los cambios estructurales asociados a la fisiopatología del asma y, por tanto, no sería de utilidad para el diagnóstico del asma; tampoco para establecer la gravedad de una exacerbación en un niño con asma conocido.
Se han revisado recientes guías de práctica clínica(1-8) y sumarios de evidencia(9-11) en los que se aborda el manejo del asma pediátrica sin encontrar en ellos mención al uso de la EP (en el proceso diagnóstico o caso de exacerbación). Resaltamos que todos los documentos consultados hacen referencia, en relación al manejo de una crisis, a la radiografía de tórax desaconsejando su realización rutinaria ya que rara vez proporciona información que modifique el tratamiento de los niños. Se consideraría su uso en niños con sibilancias si hay dudas sobre el diagnóstico, en niños con asma conocida cuando haya sospecha de afecciones adicionales que pueden requerir modificaciones en el tratamiento (por ejemplo, neumonía, neumotórax, aspiración de cuerpo extraño o atelectasia regional) o ante crisis grave que no responde al tratamiento.
Comentar, no obstante, que la búsqueda en las bases de datos de estudios identifica una revisión sistemática con metanálisis(12) en la que se describen los hallazgos de la EP observados en niños y adolescentes con exacerbaciones del asma. En la revisión se incluyeron 5 estudios transversales con 192 participantes con asma exacerbada. Los hallazgos más comunes de la EP en estos niños y adolescentes fueron líneas B, consolidaciones pulmonares y anomalías pleurales. La proporción de hallazgos positivos osciló entre el 23,0 % y el 80,3 %, con un tamaño del efecto global del 52,0 % (intervalo de confianza [IC] del 95 %: 23,0-80,3), lo que sugiere que el 52,0 % de los pacientes con exacerbación del asma presentarán hallazgos positivos en la EP (aunque este valor debería interpretarse con precaución debido a la importante heterogeneidad entre los estudios, I² = 94,15 %).
Para los autores, a pesar de las variaciones en los hallazgos reportadas, la EP puede ser una herramienta valiosa en la práctica clínica, especialmente para el diagnóstico diferencial durante las exacerbaciones del asma. Por ejemplo, la presencia de líneas B podría indicar edema pulmonar, mientras que las consolidaciones podrían sugerir neumonía bacteriana. Por lo tanto, consideran que la EP puede ayudar a los médicos a diferenciar entre las exacerbaciones del asma y ciertas complicaciones, como las infecciones pulmonares (virales o bacterianas), que a menudo coexisten en niños con asma. También señalan que la EP podría ser una herramienta importante para el seguimiento de los pacientes con asma, permitiendo el control de los cambios pulmonares a lo largo del tiempo, especialmente en pacientes con exacerbaciones recurrentes o complicaciones pulmonares asociadas. No obstante, puntualizan que la variabilidad en las tasas de detección entre los diferentes estudios resalta la necesidad de realizar más investigaciones con muestras de mayor tamaño y múltiples evaluadores para verificar los hallazgos y proporcionar evaluaciones más sólidas y fiables de los hallazgos de la EP en esta población.
Un estudio observacional prospectivo no incluido en esta revisión tuvo como objetivo evaluar la presencia y magnitud de los hallazgos de la EP en niños que acudieron a urgencias con una exacerbación aguda del asma, y caracterizar su correlación con la gravedad de la enfermedad. Se incluyeron en el estudio 111 niños de entre 5 y 18 años con antecedentes de asma, que presentaban sibilancias o dificultad respiratoria. En este estudio un total de 63 (57%) pacientes tuvieron una EP positiva. La EP se consideró positiva si alguno de los siguientes hallazgos estaba presente en una o más zonas pulmonares: líneas B, consolidaciones, derrame pleural o anomalías de la línea pleural (línea pleural irregular, fragmentada o engrosada). Fue positiva en el 47% de los pacientes del grupo en el que su exacerbación fue catalogada como leve, en el 59% de los pacientes con exacerbación moderada y en el 64% de los pacientes con exacerbación grave. No se observaron diferencias en el número total de hallazgos según la gravedad del asma (P = 0,36).
Para los autores, en este estudio, se demuestra que pueden encontrarse hallazgos ecográficos pulmonares anormales en niños con exacerbación asmática, pero que estos no se correlacionan con la gravedad del asma en el momento de la exploración. Esto sugiere que la EP tiene una baja utilidad clínica para diferenciar las exacerbaciones leves, moderadas y graves.
Por último, otro estudio observacional prospectivo, publicado en marzo de 2026(14), tuvo como objetivo comparar los hallazgos de la EP en 33 niños y adolescentes cuando tenían una exacerbación de su asma frente a los hallazgos durante un periodo en que su asma estaba controlada. Durante los episodios de exacerbación de asma se encontró que el 51,5 % (17/33) de los niños presentaban hallazgos ecográficos positivos, en comparación con sólo el 12,1 % de los niños con asma controlada (4/33). La razón de prevalencia calculada fue de 2,27 (IC del 95 %: 1,46-3,55; p = 0,001), lo que para los autores indica que los niños con exacerbación asmática tienen mayor probabilidad de presentar hallazgos positivos en comparación a cuando su asma está controlada. Durante una exacerbación, los hallazgos identificados incluyeron derrame/irregularidad pleural en 2 pacientes (6 %), líneas B en 16 pacientes (48 %) y pequeñas consolidaciones (< 1 cm) en 12 pacientes (36 %); en los casos de asma controlada, los cambios solo incluyeron líneas B (4 pacientes, 12,1%). Según los autores, la asociación entre la exacerbación clínica y la presencia de anomalías ecográficas, respalda el papel de la EP como herramienta sensible para detectar cambios en las vías respiratorias y los pulmones durante los episodios agudos de asma aunque se necesitan nuevos estudios con poblaciones más amplias y diversas para confirmar estos resultados y definir cómo se puede integrar la EP en la atención rutinaria del asma.


