Los escasos documentos encontrados que abordan esta cuestión, sugieren que un entorno más ácido en el lecho de la herida crónica podría favorecer su cicatrización. Sin embargo, actualmente la calidad de la evidencia es baja y heterogénea, por lo que no se podría recomendar la acidificación terapéutica del lecho de la herida como una intervención generalizada.
Los sumarios de evidencia consultados sobre manejo de heridas crónicas(1-3) no abordan directamente este tema, aunque en uno de ellos(1) se hace referencia a una revisión narrativa sobre apósitos inteligentes para el tratamiento de heridas crónicas, que incorporan sensores capaces de monitorizar diversos biomarcadores como el pH, los niveles de humedad y la carga bacteriana, y ofrecen la posibilidad de evaluar las heridas en tiempo real(4). Esta revisión señala que la importancia de controlar el pH se fundamenta en su papel clave en los procesos bioquímicos de la cicatrización de heridas y en la prevención de infecciones. Describe que el pH del exudado de una herida varía según la etapa de cicatrización y que un pH ligeramente ácido (entre 4 y 6) es típico de la piel sana y ayuda a prevenir el crecimiento bacteriano. Durante la fase inicial de cicatrización de una herida, se produce una acidosis temporal que ayuda a prevenir infecciones. En el caso de las heridas crónicas, estas suelen presentar un pH débilmente alcalino, lo que aumenta la susceptibilidad a infecciones bacterianas. Los autores concluyen que, si bien estas tecnologías son prometedoras, se necesitan más ensayos clínicos para validar su eficacia y determinar su impacto en las prácticas estándar de cuidado de heridas.
En las guías de práctica clínica y protocolos consultados(5-8) tampoco se ha encontrado referencia a la necesidad de acidificar el lecho de la herida para favorecer su cicatrización.
La Guía de Buenas Prácticas de la Registered Nurses Association of Ontario (RNAO)(5) tan solo menciona la capacidad de modificar el pH por parte de algunas sustancias limpiadoras, como la solución de hipoclorito sódico y la solución Dakin y Eusol (preparación diluida) para disminuir la carga bacteriana y el ácido acético (de 0,5% a 5%) eficaz contra algunas especies de pseudomonas.
Una revisión sistemática (RS) realizada en 2022(9), con el objetivo de evaluar el impacto de los agentes tópicos y los apósitos en el pH, la temperatura y la posterior cicatrización de heridas crónicas que no cicatrizan, incluyó seis estudios, cinco que exploraron el pH y uno la temperatura. La validez de los estudios, medida con la Lista de Verificación de Evaluación Crítica de la Literatura Basada en la Evidencia (EBL, por sus siglas en inglés) fue baja (puntuación media de calidad del 51,3%). Los cinco estudios que exploraron el pH investigaron diferentes apósitos y agentes tópicos, informando de una asociación entre la reducción del pH y mejores resultados de las heridas. No obstante, dada la escasa certeza de la evidencia, los autores señalan que no pueden recomendar con seguridad el uso de ningún agente tópico o apósito en particular para manipular el pH con el fin de mejorar los resultados de la cicatrización, y que sería necesario realizar más investigaciones para comprender mejor este tema.
En otra RS(10), se evaluaron las mediciones de pH, la composición del exudado y la temperatura en las heridas para predecir los resultados de la cicatrización. La calidad de los estudios se midió con EBL. Se incluyeron un total de 23 estudios, tres para pH (la puntuación de calidad media fué de 54,48%), doce para la composición del exudado (puntuación de calidad media 46,54%) y ocho para la temperatura (puntuación de calidad media 36,66%). Los resultados sugieren que los niveles más bajos de pH en las heridas, están asociados con mejoras en la cicatrización de la herida. La metaloproteinasa-9 (MMP-9) surgió como el biomarcador con mayor potencial como predictor de la cicatrización de las heridas, con niveles elevados observados en heridas que no cicatrizan y niveles decrecientes en heridas que progresan en la cicatrización. Las mediciones de temperatura fueron más altas en heridas que no cicatrizan, que empeoran o agudas, y disminuyen a medida que las heridas progresan hacia la cicatrización. Los métodos utilizados para medir el pH, la composición del exudado y la temperatura variaron considerablemente entre los estudios. Los autores concluyen que a pesar de algunos hallazgos prometedores se requiere investigación adicional para fortalecer la evidencia y comprender mejor la dinámica de la cicatrización.
Por último se ha seleccionado un estudio prospectivo, multicéntrico y observacional, publicado en 2026(11) que evaluó el pH y la temperatura en heridas agudas y crónicas para identificar patrones físico químicos asociados con la cicatrización. Un total de 117 personas con heridas de diversas etiologías, fueron sometidas a 226 mediciones de pH y 181 de temperatura en el centro de la herida, el borde y la piel circundante. El valor medio de pH en el centro de las heridas agudas fué de 6,592 ± 0,617 (5,60–7,70) y en las heridas crónicas fue de pH 7,113 ± 0,659 (5,50–8,40), con una diferencia estadísticamente significativa (0,521 ± 0,160, p = 0,003, [intervalo de confianza] IC del 95 % [0,192; 0,850]). En el borde de la herida, los resultados indican diferencias estadísticamente significativas, con las heridas crónicas presentando un pH medio significativamente mayor de 7,136 ± 0,678 (5,10–8,60) en comparación con 6,736 ± 0,615 (5,60–7,70) en heridas agudas (0,400 ± 0,160, p = 0,020, IC del 95 % [0,070; 0,729]). No hubo diferencia estadísticamente significativa entre los valores de pH de las heridas agudas y crónicas en el entorno de la herida (0,248 ± 0,218, p = 0,265, IC del 95 % [-0,200; 0,696]). En las heridas agudas, el pH medio fue de 6,450 ± 0,831 (4,80–7,90), mientras que en las heridas crónicas, el valor medio fue de 6,698 ± 0,944 (4,72–8,90). Los autores sugieren que estos hallazgos indican que la acidificación progresiva del entorno de la herida se correlaciona con la cicatrización, mientras que el pH alcalino se asocia con la cronicidad y la infección. El pH local, más que la temperatura, podría servir como un biomarcador dinámico y no invasivo para el seguimiento de las heridas y como un posible objetivo terapéutico.


