Esta respuesta actualiza a otra publicada en el año 2020(1) sobre el reemplazo de sistemas de infusión y dispositivos complementarios, en la que se concluía que "los sistemas no deberían cambiarse antes de las 96 horas y pueden mantenerse hasta 7 días". Se ha procedido a actualizar la búsqueda y no se ha encontrado evidencia que sugiera reemplazar el sistema de infusión con cada nueva bolsa o jeringa. Se mantienen las mismas recomendaciones en cuanto a que en infusiones continuas que no contienen sangre, hemoderivados ni emulsiones lipídicas, los sistemas de infusión pueden mantenerse al menos 96 horas y hasta 7 días, siempre que permanezcan funcionales, limpios y sin contaminación evidente y no cambiarlos de manera rutinaria.
Los Sumarios de Evidencia consultados sobre cuidado y mantenimiento de dispositivos intravenosos(2,3) indican que existe evidencia de calidad moderada (procedente de revisiones sistemáticas, ensayos aleatorios y estudios observacionales) de que los equipos de administración continua utilizados para administrar soluciones distintas de lípidos, sangre o productos sanguíneos, y para otros usos especiales, no deben cambiarse con una frecuencia mayor a cada 96 horas, pero al menos cada siete días.
La novena edición de la Guía de Práctica Clínica de la Infusion Nurses Society acerca de los estándares de práctica en terapia de infusión(4), indica que se deben sustituir los equipos de administración continua (primarios y secundarios) utilizados para administrar soluciones distintas a lípidos, nutrición parenteral, sangre o hemoderivados, al menos cada 7 días (salvo que las instrucciones de uso del fabricante indiquen lo contrario) o cuando esté clínicamente indicado (p. ej., ante cualquier pérdida de la integridad del producto, como contaminación o disfunción), lo que ocurra primero.
Se ha identificado un ensayo clínico aleatorizado multicéntrico en el que se comparó el recambio de sistemas de infusión cada 4 días frente al recambio cada 7 días(5) en pacientes con dispositivos de acceso venoso central (tunelizados con manguito, no tunelizados, de inserción periférica y totalmente implantados) y catéteres arteriales periféricos. Ni los pacientes ni los médicos estaban cegados, pero el resultado primario (la infección del torrente sanguíneo relacionada con catéteres venosos centrales [ITSRC]) fue evaluado por profesionales sanitarios cegados y expertos en la materia. El análisis fue por intención de tratar modificada (mITT). En el estudio se incluyeron a 6.007 personas, se asignaron 2.944 pacientes al reemplazo del equipo de infusión de 7 días (n=1.463) o de 4 días (n=1.481), las otras 2.941 personas se incluyeron en el análisis por intención de tratar modificada (mITT). Con respecto a los resultados para los dispositivos de acceso venoso central, 20 de 1.124 pacientes(1,78%) (grupo de 7 días) y 16 de 1.097 pacientes (1,46%) (grupo de 4 días) tuvieron ITSRC (diferencia de riesgo absoluto [DRA] 0,32%, IC del 95% -0,73 a 1,37). En el caso de los catéteres arteriales periféricos, uno de los 357 pacientes (0,28 %) del grupo de 7 días y ninguno de los 363 pacientes del grupo de 4 días presentaron ITSRC (DRA 0,28 %, -0,27 % a 0,83 %). No se registraron eventos adversos relacionados con el tratamiento. Los autores concluyen que el uso del equipo de infusión puede prolongarse de forma segura hasta 7 días, al no observarse diferencias clínicamente relevantes en las ITSRC entre los dos grupos, lo que supone una reducción de costes y de la carga de trabajo. Además, señalan que evitar desconexiones innecesarias puede disminuir las oportunidades de contaminación bacteriana.


