La información contenida en los documentos consultados sugiere que la administración de suplementos nutricionales que contienen probióticos no se asocia con un aumento significativo del riesgo global de bacteriemia, en niños portadores de un catéter venoso central (CVC), ya que estos eventos son infrecuentes. Sin embargo, se han descrito casos de bacteriemia con cepas contenidas en los probióticos, en ocasiones relacionados con el catéter o con contaminación cruzada, que podría sugerir un aumento del riesgo en niños con inmunosupresión, síndrome de intestino corto, hospitalización prolongada y cirugía previa.
Los sumarios de evidencia (SE) consultados referentes a sepsis en niños y a los CVC(1,2) no hacen referencia al riesgo de que los suplementos nutricionales que contienen probióticos aumenten el riesgo de bacteriemia relacionada con el CVC.
El SE de UpToDate sobre atención médica integral en la edad pediátrica(3), sí menciona esta posibilidad indicando que los probióticos rara vez pueden causar bacteriemia; los factores predisponentes incluyen ingreso en la unidad de cuidados intensivos (UCI), inmunosupresión, síndrome de intestino corto, hospitalización prolongada y cirugía previa.
En este SE se hace referencia a un estudio en el que se analiza una serie de casos de bacteriemia por Lactobacillus en el Boston Children''''s Hospital(4). El estudio incluyó un periodo de 5,5 años y a un total de 22.174 niños, de los que 522 recibieron probióticos que contenian Lactobacillus rhamnosus GG (LGG). Al analizar la bacteriemia por Lactobacillus registrada, los autores observaron que los niños de la UCI que habían recibido probióticos que contenían LGG, tenían un riesgo mayor de desarrollar bacteriemia por LGG (6 de 522 en comparación con 0 de 21.652; P = 1,8 × 10⁻¹⁰ , prueba exacta de Fisher). La filogenia basada en el genoma completo mostró que los Lactobacillus aislados de la sangre de los pacientes tratados eran filogenéticamente inseparables de los Lactobacillus aislados del producto probiótico asociado.
Una revisión sistemática de 2021(5) recogió 49 informes de casos de niños con infecciones invasivas documentadas después del uso de probióticos, desde 1995 hasta junio de 2021, e identificó que un 35% de las infecciones fueron causadas por Lactobacillus spp, un 29% por Saccharomyces spp., un 31% por Bifidobacterium spp., un 4% por Bacillus clausii y un 2% por Escherichia coli. La mayoría de los pacientes (80%) eran menores de 2 años y la sepsis fue la afección más frecuente (69,4%). Todos los pacientes, excepto uno, presentaban al menos una condición que facilitaba el desarrollo de una infección invasiva, siendo la prematuridad (55%) y el uso de CVC (51%) las más frecuentes. En 23 casos (46,9%), los pacientes tenían una enfermedad intestinal preexistente, como síndrome de intestino corto, nutrición enteral/parental, inflamación intestinal, cirugía abdominal y diarrea, lo que hace que la comorbilidad intestinal sea uno de los factores predisponentes más relevantes para el desarrollo de infección relacionada con probióticos. Tres niños (6%) fallecieron. Los autores concluyen que dado el amplio uso de probióticos, especialmente en pacientes susceptibles como los recién nacidos, se justifican estudios adicionales destinados a evaluar la incidencia real de infecciones sistémicas asociadas a probióticos en pacientes de alto riesgo con factores predisponentes
En otra serie de casos se examinó la bacteriemia asociada a la administración de probióticos en una cohorte de niños sometidos a cirugía cardíaca en China(6). De 16.436 niños que se sometieron a cirugía cardíaca entre 2019 y 2024, 5.034 niños recibieron probióticos; 6 desarrollaron bacteriemia con cepas probióticas (Bacillus subtilis, Bacillus licheniformis, LGG). Tres casos ocurrieron en niños que no habían recibido probióticos directamente, lo que sugiere una posible contaminación cruzada o transmisión relacionada con el CVC. Los 6 niños con bacteriemia presentaban cardiopatía congénita compleja y CVC. Los autores concluyen que la bacteriemia asociada a probióticos es rara y generalmente se resuelve con antibióticos; los resultados se correlacionan más con la complejidad cardíaca que con la bacteriemia en sí. En este caso recomiendan mantener el uso de probióticos en el período perioperatorio y mejorar las medidas de control de infecciones, sobre todo de los CVC, para minimizar el riesgo de bacteriemia asociada a probióticos en pacientes pediátricos sometidos a cirugía cardíaca.
El informe de un caso(7) publicado en 2026, de un niño con insuficiencia intestinal (secundaria al síndrome de Megacystis-microcolon-hipoperistalsis intestinal) describe que presentó una infección del torrente sanguíneo asociada a CVC (CLABSI, por sus siglas en inglés), producida por una especie de Lactobacillus vinculada al consumo de yogur.
Por último, mencionar que ninguna de las guías de práctica clínica(8-10) consultadas, ni el informe del Proyecto Zero de 2025(11), tampoco mencionan la posibilidad de que la administración de suplementos nutricionales que contienen probióticos aumente el riesgo de bacteriemia relacionada con el CVC.


